Nadal es un fenómeno único en su conjunto dentro y fuera de la pista. Se hallaba en forma ante una ocasión única, y no deja escapar sus opciones si no hay elementos fuera de su control. Aunque para ella tenga que sufrir hasta la última gota de sudor, empujado por un adversario capaz de llevarle a la extenuación.

Batió con un tenis espectacular y contundente a un también brillante y resistente Daniil Medvedev, 23 años y nº 5 del mundo (será cuatro en el próximo ranking), por 7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4 en 4h.49’ para guardar en la memoria como una joya del tenis y el deporte. Una barbaridad de final. Se dejó caer en la pista Nadal, emocionado. Lloró tras vencer y viendo cómo repasaban en el videomarcador todos sus títulos ‘grandes’.

Fue una locura, el público se calentó ante tal espectáculo. Y pudo la veteranía, la magia y también la mayor energía de un Nadal menos desgastado en los días y  semanas anteriores que Medvedev, que pidió asistencia del fisioterapeuta.